El amplio universo de las verdades no dichas.

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26/10/2007

La Historia de Norep


Había una vez como nunca antes un pequeño planeta llamado
Anitnegra, diminuto, que en toda su geografía contaba con bellezas naturales que emocionaban al más parco de los hombres. En ese planeta vivían hombres y mujeres conocidos como los No me importa. Este mote se debía a que ante toda situación que ponía en riesgo el tren de vida placentero que llevaban, anteponían la frase No me importa.


Visto desde otros planetas, el de los No me importa aparentaba ser un oasis de paz y aceptación, de dignidad y de respeto mutuo, de vida digna y de responsabilidad por las acciones de cada uno.
Los habitantes de ANITNEGRA no eran como aquellos que vivían en otros planetas, se creían superiores, dotados por un sinfín de características que los posicionaban como los portadores del bastión de la moral universal.
Un día Norep, un joven que vivía en ANITNEGRA mientras iba caminando por las calles del pequeño planeta se dijo a si mismo Si me importa. Ante ese cambio de su estructura interna Norep empezó a investigar sobre todo aquello que ahora si le importaba. Y descubrió que no era el primero, antes otros hombres y mujeres de Anitnegra habían descubierto que a ellos también les importaba, y misteriosamente uno a uno habían desaparecido, y no había registro si quiera de que era aquello que les importaba.
Ante el temor que Norep sintió al descubrir cual había sido el destino de aquellos que habían estado en su misma situación, decidió acallar sus dudas para no despertar sospechas
Todo parecía seguir funcionando para Norep, si bien sabía que ahora SI LE IMPORTABA, tranquilamente podía disimular ante el resto de la sociedad. Y así fue hasta que un día decidió salir a caminar y por esas cosas del destino llegó al lado oculto de ANITNEGRA, aquel que pensaba que solo existía en la mente del imaginario colectivo. Pero no, ahí estaba él, en el lado oculto.
Mucho difería esa parte del planeta con lo que el conocía. Ahí no había dignidad, no había respeto por la vida, no había paz, no había aceptación, no había igualdad.
Las imágenes de muerte, de crímenes, de pobreza, de degradación humana se repetían una tras otra a medida que avanzaba.
Rápidamente Norep contó lo que había visto a todos los habitantes del pequeño planeta.
Lo vi, lo vi con mis propios ojos, vi lo opuesto a lo que ven ustedes aquí. Había corrupción, había muerte sin sentido, habían negociados, gente decidía a nuestras espaldas el presente y el futuro de todos.

Sin embargo a nadie le importó, todos siguieron su vida, sin sentirse afectados por el relato de Norep.
A medida que pasaban los días, nuestro joven héroe trataba de descifrar porque nadie más veía lo que él. Meditaba horas y horas tratando de encontrar una respuesta hasta que finalmente descubrió que no era un lado oculto lo que había visto. Todo lo que lo había horrorizado estaba desplegado por toda la geografía de ANITNEGRA. Al descubrir esto Norep se decidió a levantar una pared, un muro, que lo separase de todos aquellos a los que simplemente No les importaba. Entonces se dio a la tarea de elegir las rocas que iban a formar parte de su muro. Y el proceso de elección fue arduo, habían piedras con forma de pingüino que eran elegantes y locuaces, pero a veces pecaban de soberbias, otras que tenían debajo de ellas un contrato social, pero no sabían que hacer con el, también estaban esas piedras que detrás tenían pequeñas piedritas que habían estado presentes desde mucho tiempo atrás y que habían generado un daño incalculable a Anitnegra, tampoco faltaban piedras que parecían ser nuevas pero que en realidad estaban compuestas por piedras viejas, gastadas y traicioneras.
Norep pensó que lo mejor era elegir las piedras que representen aquello que mas se aproximara a lo que el quería para su planeta. A veces la desolación lo invadía, puesto que no veía en ninguna roca el soporte y la fuerza necesaria como para formar un muro basado en conceptos morales.
Cuando finalmente eligió, Norep empezó a construir su muro, colocó las rocas una al lado de otra, y siguió así hasta que termino de levantarlo.
Pero Norep había elegido mal, al parecer, su elección no había sido meditada y pensada hasta el último detalle. Así las cosas su muro empezó a caer, poco a poco, lentamente, y el no podía hacer otra cosa que observar como toda la estructura se derrumbaba.
Una vez que solo quedó el polvo del recuerdo del ideal de Norep, él se dirigió a donde vivían los No me importa. Miró a su alrededor, y acepto su derrota, agacho la cabeza y en su boca se dibujo nuevamente el NO ME IMPORTA.

Amigos míos como ya saben hay veda electoral, por lo tanto no voy a usar nombres propios. Pero lo que si voy a decir es que esta vez estaría bueno que Si nos importara